El año de la Fe, el año de tú Fe.

Se abre un camino, un camino que para mucho pasará desapercibido. Como todas las palabras, que para muchos, son palabras vacías de una Iglesia rancia y antigua.

Me encantaría, nos encantaría, a todos los del grupo MAR poder hablar a todos, que la verdadera iglesia. Aquello que la compone, no son las aburridas clases que hemos podido recibir cuando éramos pequeños en el colegio. Ni mucho menos iglesia es alguien diciendo qué está mal y qué es una condena. Iglesia somos todos.

Eres tú leyendo ésta página que has podido encontrar por y para la casualidad de la red de redes. Soy yo el que lo escribe e intenta, razonar contigo de algún modo Teclado-Pantalla-Lector; pero siempre con el corazón en cada palpitar de las teclas.

Yo hasta hacer muy poco tiempo, aunque la cuestión del tiempo es otro tema muy relativo, he sido una persona sin fe. Que creía porque no me quedaba más remedio que creer, pero que ni sentía ni me compadecía. Alguien que veía las iglesias como viejos muros levantados desde el rencor. Algo acentuado desde la posición de ser una persona abiertamente homosexual, pero persona ante todo. La perpetua condena de mi ser por lo que soy, no hacía otra cosa que alejarme de aquella única y verdadera realidad. La FE.

¿Pero qué es la FE?

Todos pensarán que es sólo la convicción de unas viejas palabras de un viejo libro, dichas desde el altar de un viejo templo por, bastante probable, un viejo sacerdote. Pero yo, con la treintena acercándose a mis espaldas, con la juventud aflorada en mí, os digo que no.

La Fe es una continua búsqueda, un camino, una vida. Es vivir por y para desarrollar el alma. Aquel trozo de nuestro ser que a veces, muchas, olvidamos. El alma que a veces se nos sale por la boca en cada emoción. Y que al entrar en un templo sentimos una extraña pero familiar sensación de paz, de estar en nuestro hogar.

 ¿Qué es para ti la FE?

Quizás deberías sentarte un día o una noche en tu cama. Parar un momento del frenético y constante vorágine de una estresante vida y tocarte el pecho. Sentir el alma y buscar en tu interior, la llama cálida y brillante de la FE.

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