“Una experiencia nueva y hermosa”, artículo de Pope Godoy

Una experiencia nueva y hermosa

Pope Godoy

popegodoy@telefonica.net

A raíz de mi charla en la Semana de Teología de las Comunidades Cristianas Populares de Andalucía (CCP), celebrada en noviembre de 2014, se me acercaron varias personas que dijeron ser miembros de un colectivo cristiano de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales(LGTB). Me invitaron a su reunión anual: “nos das la misma charla que has dado aquí”, me insistieron. Para mí ha resultado una novedad enriquecedora que intento explicar en estas líneas.

Fui descubriendo que había miembros de un colectivo portugués, que había personas venidas desde Barcelona, desde Madrid y desde varios puntos de Andalucía. Unas formaban parte de algún colectivo LGTB y otras venían a título individual. Había también algunas parejas heterosexuales. El número total rozaba las setenta personas. Aunque todo el encuentro me resultó especialmente interesante y enriquecedor, solo puedo reflejar aquí lo que más me llamó la atención y lo que más me impactó a título estrictamente personal.

El domingo por la mañana tuvimos una celebración ecuménica. Había personas de distintas confesiones cristianas y habían diseñado una celebración donde todas las personas pudieran sentirse identificadas y a gusto. Al terminar las peticiones y acciones de gracias uno de los responsables rompe “nuestro” ritmo tradicional en la celebración con una explicación sencilla: los tres evangelios sinópticos narran la cena pascual. En cambio el evangelio de Juan no menciona la celebración de la cena, sino que habla del lavatorio de los pies. En consonancia con este gesto, nos invita a que repitamos en esta celebración lo que hizo Jesús: lavar los pies quien quiera a quien quiera. Con total libertad y sencillez. Sacaron ocho pequeños barreños de plástico, botellas con varios litros de agua y toallas.

Cada cual, varón o mujer, cogió barreño, botella y toalla y se dirigió a alguien, varón o mujer, para lavarle los pies. Fue un momento especialmente emotivo y hasta sobrecogedor. Vi a personas llorar de emoción. Cuando la persona terminaba de lavar los pies, dejaba barreño, botella y toalla en el lugar establecido. En seguida otra persona repetía el mismo gesto con una nueva persona. No sé el tiempo que duró toda aquella “ceremonia”. Había un silencio aplastante y una densidad de emociones que abrumaban y distendían a la vez.

No terminó aquí aquella escena tan impactante. En un momento dado un varón, desconocido para mí, se arrodilló ante mí para lavarme los pies. Me quitó el zapato y el calcetín derecho. Me echó agua en el pie, la repartió con sus manos, me secó el pie y me lo besó. Lloré… Lloré en silencio y a lágrima viva. Cuando terminó nos miramos intensamente a los ojos ¡él arrodillado ante mí! Me agaché para acercarme el máximo a él; nos abrazamos a fondo y nos besamos. Él se levantó y se fue.

En mi viaje de vuelta fui reflexionando sobre la multitud de experiencias tenidas. Flotaba una sensación que me poseía por completo: la riqueza del pluralismo. Hay personas que piensan que lo mejor es hacer lo que siempre se ha hecho, rezar lo que siempre se ha rezado… Lo respeto absolutamente. Pero eso sí, con una condición innegociable: respetar y dejar vivir a quien no piense ni haga lo mismo que siempre se ha hecho. La convivencia sería mucho más armónica y más respetuosa.

De sobra sabemos que la innovación es el motor de la historia en multitud de campos. Uno de los más espectaculares es la medicina. Aquí nadie discute que eso de hacer lo que siempre se ha hecho es cuando menos una tontería y hasta una temeridad porque puede poner en peligro las vidas de las personas.

En el ámbito religioso sabemos que Jesús de Nazaret fue un gran disidente del judaísmo de su tiempo. Claro, que así le fue. Y así le ha ido yendo a lo largo de la historia a tantas personas disidentes de la religión recibida… ¿Es inmutable esta dinámica? Este colectivo cristiano de LGTB me ha enseñado mucho: su voluntad de autoafirmación, su alegría cuando han salido del armario, su decisión rotunda de participar en la vida social y religiosa con absoluto plano de igualdad, su sensibilidad ante la marginación y la exclusión… Sin darse cuenta, me enseñaron muchas cosas más que no puedo detallar aquí.

Al final tuvieron un detalle con quienes habíamos tenido alguna charla. Nos regalaron una sencilla placa con los colores del arco iris y esta bendición de sabor franciscano: “El Señor te bendiga y te guarde. Te muestre su rostro y tenga misericordia de ti. Te mire benignamente y te conceda la paz”. Por mi parte sólo tengo que añadir: Gracias y… ¡AMÉN!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: