Cuaresma para amar.

El comienzo de la cuaresma está lleno de diversas normas que nos dicen, cómo y qué tenemos que hacer durante este periodo. Nos encontramos tres pilares fundamentales que la componen, el ayuno, la oración y la limosna. Pero a título personal queremos hoy hacer un parón y dedicar nuestro tiempo a una de esas tres.

Para cualquier cristiano que cumpla éste periodo, cuando cumpla alguna de éstas facetas será totalmente respetado ante todo. Respetado porque se abre un periodo muy personalista espiritualmente hablando. El ayuno no sólo de alimento o de carne, sino de encontrarse a uno mismo frente a aquellos verdaderos lujos que debemos pensar si merecen o no la pena tener. La oración para adorar nuestro señor y hablar con él desde hijo a padre y buscar en nuestro interior las respuestas que nuestro camino nos plantea. Y el pilar que dedicamos éste artículo, la limosna.

La limosna no debe de ser algo meramente físico. Entregar unas monedas por obligación en la primera ranura de cualquier iglesia. No es sólo dar algo suelto de nuestro bolsillo a las personas que sentadas en los escalones de la ciudad, nos encontramos todos los días. No puede, no es su deber, una obligación temporal dada sólo en un momento específico del año. Debe de ser un acto que tiene que despertar en nuestro interior para que podamos realizar durante todo el resto del año.

Es como cuando nos decidimos en hacer algo, algo que hemos pensado durante mucho tiempo y que nos ha dado mucha vergüenza hacer durante mucho tiempo. Pueden ser dar clases de baile, apuntarnos en un gimnasio o simplemente ir al cine solo. Siempre ha rondado la idea en nuestra cabeza y nunca nos hemos atrevido. Pero en el momento que lo hacemos descubrimos que la vergüenza no existe, que sólo era un mero prejuicio que nosotros mismos nos hemos creado. Que el miedo al qué opinarán de nosotros, sólo era nuestra opinión la que nos hacía retraernos.

 Hoy por hoy, con las circunstancias que nos acontecen día a día la mejor forma a nuestro parecer. ( A mí parecer personal ) es que dejemos esas monedas sueltas de los bolsillos en los bolsillos. Que dejemos a un lado los prejuicios. Y que por una vez por todas alimentemos al hambriento. Hoy por hoy, muchos pasan hambre. Y muchas instituciones no tienen dónde y qué hacer. La necesidad de hacer limosna debe de ser un hecho verdadero. En el que con comida en mano le entregamos al necesitado.

Ama a tu prójimo como a ti mismo, porque tú podrías ser en algún momento de la vida, el prójimo que necesita ser amado.

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